Leyendas comunitarias 

Aquí es donde comienza nuestro viaje.  Conoce algunas s leyendas populares.

La leyenda de la Flor de Cempasúchil

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Hace muchos años, en un hermoso pueblo, vivían dos niños llamados Xóchitl y Huitzilin. Desde muy pequeños jugaban juntos y subían a lo alto de la montaña a regalarle flores al Dios del Sol, prometiendo que su amistad duraría para siempre.

Cuando crecieron, una guerra separó a los amigos y Huitzilin tuvo que ir a luchar. Xóchitl, muy triste, subió a la montaña y le pidió al Dios del Sol que la ayudara a reunirse con su gran amigo.

El Dios del Sol lanzó un rayo dorado sobre la niña. Al tocarla, Xóchitl se convirtió en una hermosa flor de color amarillo brillante. En ese momento, un colibrí llegó volando y se posó en el centro de la flor. ¡Era Huitzilin! La flor abrió sus 20 pétalos dejando salir un aroma delicioso. Por eso, hoy en día se dice que el amor de estos amigos vivirá mientras existan los colibríes y las flores de cempasúchil.

La leyenda del Conejo en la Luna 🐇🌕

Cuenta la leyenda que un día, el Dios Quetzalcóatl decidió bajar a la Tierra transformado en un hombre común. Caminó durante todo el día explorando montañas, bosques y ríos. Al llegar la noche, estaba tan cansado y hambriento que se sentó a descansar sobre una piedra bajo la luz de las estrellas.

Un pequeño conejito que pasaba por ahí se acercó a comer un poco de zacate. Al ver al viajero tan cansado, le preguntó: — ¿Tienes hambre? Puedes compartir mi zacate si quieres.

El Dios le respondió sonriendo: — Muchas gracias, pequeño conejo, pero los hombres no comemos zacate.

El conejito, al ver que el hombre no tenía nada que comer, le dijo con mucha valentía: — Solo soy un pequeño conejito, pero si tienes tanta hambre, ¡cómeme a mí para que recuperes tus fuerzas!

Quetzalcóatl, emocionado por la bondad y el gran corazón del conejito, lo levantó muy alto, tan alto que su figura quedó marcada en la superficie de la Luna. Luego lo bajó con cuidado y le dijo: — A partir de hoy, no serás solo un conejito. Todos los niños del mundo te verán brillante en la Luna y recordarán tu gran amabilidad.